Últimamente nos reunimos con directivos que se sienten perdidos. Están atrapados entre exigencias contradictorias, como las siguientes:
Póngase en la piel de un directivo de una empresa industrial -pequeña, mediana o intermedia- o de una planta dentro de un gran grupo. Su ERP tiene diez años o más. Actualizarlo a la última versión es un proyecto de gran envergadura, que movilizará enormes recursos durante un par de años.
Ha habido iniciativas de digitalización con resultados desiguales: todavía se intenta sacar partido a ese MES o a ese WMS, pero la calidad de los datos y la disciplina de uso dejan mucho que desear.
Este directivo organizó un seminario de dos días con su comité de dirección para sensibilizar sobre la Inteligencia Artificial. Se habló mucho de posibilidades, de riesgos, y todos quedaron impresionados por el alcance de los análisis realizados por un LLM, aunque también señalaron algunos errores evidentes.
Además, esta entidad forma parte de un grupo multinacional. El grupo tiene un ambicioso plan de implantación de nuevas soluciones: el nuevo ERP o un APS «líder» del mercado. Este programa cuesta millones y afectará a esta entidad en 18 meses, o dos años, o tres… o más, porque todos sabemos, aunque no lo reconozcamos, que se retrasará.
Ante estas incertidumbres, y atrapados en un torbellino de urgencias operativas, restricciones normativas, lanzamientos de nuevos productos y servicios, y dificultades para contratar a los profesionales adecuados, resulta muy tentador no hacer nada por el momento. Es demasiado confuso iniciar una iniciativa relevante.
Quienes conocemos la realidad de las empresas industriales del siglo XXI sabemos que el día a día se compone de sistemas ERP heredados de los años 90 y hojas de cálculo.
No hacer nada significa dejar que los equipos sigan lidiando con un ERP obsoleto, un laberinto de archivos Excel y herramientas de inteligencia de negocio atractivas pero incompletas. Las decisiones son lentas, no siempre están respaldadas por datos, y los resultados operativos pueden resentirse: cumplir los plazos de entrega, tener el inventario adecuado y utilizar correctamente los recursos de la empresa. Además, esto no proporciona a los equipos un entorno de trabajo eficiente y con sentido; quizá fuera aceptable para las generaciones anteriores, pero los nativos digitales que se han incorporado a nuestros equipos no están satisfechos con ello.
Según mi experiencia de 40 años en el sector, el riesgo de esperar siempre ha sido mucho mayor que el riesgo asumido al emprender una iniciativa de transformación.
La experimentación —con nuevas prácticas y herramientas— es la madre del aprendizaje y de la evolución, tanto en la naturaleza como en la empresa.
En resumen, como directivo tiene tres opciones para la transformación:
Esto podría prometernos un futuro de caos con agentes de IA dispersos y descoordinados, ¿no cree? ¿El negocio principal de su empresa industrial o de distribución es entregar productos a sus clientes o desarrollar software de calidad para respaldar sus procesos?
La verdadera pregunta que debe hacerse es: ¿cuál es la solución más rápida, eficaz y económica para que mi empresa progrese de forma ágil y sostenible?
Podría decir que, como editor de la solución SaaS Best of Breed Intuiflow, soy parcial —y es cierto—. Sin embargo, mi experiencia en la industria y en soluciones digitales me lleva a pensar que el futuro pasa por reenfocar el ERP en su función transaccional y confiar la toma de decisiones a soluciones SaaS especializadas.
Eso sí, estas soluciones SaaS deben evitar algunos errores:
Cualquier parecido con Algo sería pura coincidencia… pero si busca orientación, no dude en ponerse en contacto con nosotros para analizar sus necesidades.